Ya que sólo se me ocurre a mi venirme a Chile en invierno para pasar un poco de frío y mojarme con la lluvia (no tuve bastante este año en Sanse), os voy a comentar una de las maravillas de Santiago en invierno, las inundaciones.Cada vez que llueve en Santiago, que no olvidemos que es la capital del país, los sistemas de alcantarillado no dan abasto y se inundan las calles. Por fortuna yo vivo en el centro, que es donde mejor está, y las inundaciones son “pequeñas”; vamos, solo tienes que coger una pértiga cada vez que quieres subirte a una acera, y las aceras están un par de dedos de agua.
Si a eso le pones un españolito torpe, que va con su paraguas, el portátil, y con unos zapatos que la suela no agarra muy bien, el resultado es un camino al trabajo más que cómico. Pero no para él precisamente, sino para cualquiera que le vea caminar haciendo esfuerzos para mantener la verticalidad y con un portátil dando bandazos.
Y por lo que me comentan, la lluvia aquí durante el invierno es de lo más común, así que el gobierno podía gastarse algo de plata en arreglarlo.
Porque que a un español le cueste llegar al trabajo, pues pase, pero por las zonas menos céntricas esto si que supone un problema, con accidentes y muertos.

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